Mi primer sollozo

¿Que sentir cuando ya no sientes? ¿Como llorar cuando ya no te salen lagrimas? Llega un momento en el que la incertidumbre se apodera de ti.. ¿Y sino lo conseguiré? ¿Y si las malas noticias se confirman? Han sido siempre tantos obstáculos en el camino, que uno más no tendría misterio para mi, pero este es distinto, este si se clava dentro, este si me apuñala mientras me desgarro llorando y suplicando que no pase. Dicen por ahí, que lo que tenga que venir, vendrá, pero ¿porque siempre nos toca a los mismos? ¿Porque no me dan una tregua? Un descanso al fin y al cabo, tengo ganas de que todo pase como tiene que pasar de una vez.

Y hoy así me encuentro, esperando que llegue el momento en el que me den buenas o malas noticias, pero al menos, conocer la verdad, conocer que me pasa y saber si al fin mi sueño, nuestro sueño, se podrá hacer realidad.

Dicen que un hijo es lo más maravilloso que te puede ocurrir, no dudo que sea así, lo debe de ser, pero a mi hoy, lo más maravilloso que me ha pasado es conocer a la persona con la que comparto mi vida, esa persona que está a mi lado pase lo que pase, quien comparte mis penas y alegrías, la que seca mis lagrimas amargas y me dice que todo irá bien. Juro que te quiero creer, pero hoy es muy difícil, la duda se apodera de mi y se interna dentro de mi ser como un rayo que traspasa la corteza más dura de un árbol, y que sabes que si rompe, nunca volverá a ser como era, la cicatriz perecerá en el tiempo, pero los rescoldos del quemazón que sintió nunca se irán. Doy gracias a la vida por permitirme al menos sentir por un segundo que todo puede ir bien, que todo puede salir como deseo.

¿Deseo? ¿Que es un deseo? El querer que algo pase, o el esperar que todo ocurra como le ocurre a la mayoría de personas de este universo. Para mi el deseo hoy es simplemente poder respirar, que el destino me dé una tregua en este viaje que llaman vida.

Sentirse sola es la peor sensación de este mundo, ¿con quien compartes las penas y alegrías de lo que te rodea? No todo se basa en acompañar en lo bueno y en lo malo, es simplemente tener una mano cerca que te guíe o a la que poder apretar cuando sientes que el mundo se viene encima tuyo como una montaña de nieve que se desvanece tras un ruido ensordecedor. Ese ruido que se siente en las entrañas cuando te dan malas noticias y sabes que nada volverá a ser como era antes. Por eso te quiero, porque tú eres esa mano que me cuida, me protege y alivia mi agonía. Pero también eres esa mano que ha compartido las risas, los llantos de alegría hasta que duele la barriga, las noches de intimidad más bellas, y los amaneceres más puros. Tú, mi todo y mi nada, porque contigo lo quiero todo o no quiero nada. Tú, mi compañera de viaje, mi mujer, mi amante y mi amiga, a ti debo la alegría que alberga mi corazón, la que aguarda que el futuro llegue, y que llegue en paz y armonía. Tú, mi paz interior, que se refleja de forma clara en un manantial de agua cristalina. Tú, que decir de ti, si simplemente eres tú.